Uno de los grandes problemas que sufrimos en nuestro día a día es querer ver con los mismos ojos, o mejor dicho, de la misma manera todo lo que nos rodea, como si cada historia o momento que vivimos tuviese que interpretarse por igual.
Y es ahí donde nos perdemos la verdadera esencia de las cosas. Cuando vemos una película, esperamos una introducción a los personajes y a la trama, un argumento o nudo central (cuando todo empieza a torcerse) y un final, bueno o malo, pero un final.
Y no todo merece ni necesita verse con los mismos ojos. Hay cosas que empiezan por el final, otras lo dejan abierto, no tienen o simplemente no es el trayecto intencional.
Ahí entra ‘The Bear’, una serie que narra los acontecimientos caóticos de un restaurante, pero aquí la verdadera historia es la de las personas que lo componen. Y es que esta serie no puede interpretarse al uso sin entender los porqués, sin entender lo que empuja a cada uno de sus componentes a tomar determinadas decisiones…algo que se va deshilachando conforme avanza las temporadas.
Quizás el espectador espere acontecimientos más rápidos, pero aquí la premisa es el diálogo profundo, las miradas cómplices, la fotografía…y el silencio.
Sí, porque en medio de tanto caos, The Bear consigue hablar más fuerte que nunca en sus silencios. Hirientes, melancólicos y tremendos. Una balada al catastrofismo que guarda tras de sí una intencionalidad manifiesta. La culpa de no haber estado, la ira de estar en un tiempo fuera del compás de las manecillas del reloj, un futuro gris e incesante a modo de cronómetro…la última comanda de sus vidas, la última oportunidad de hacer las cosas bien. Eso es The Bear.
Un refugio en este hipnótico limbo de fogones, platos de alta cocina y postres elaborados con exquisito talento.
Y entre tanto, danzando entre los personajes principales, el perdón, la redención de los actos…The Bear exige sacrificios más allá de lo económico, de lo temporal o incluso de lo físico. Es un acto de fe, el más difícil de todos: hablar con el alma. Y de esa manera, encontrar un sentido a todo.
La vida misma, de Chicago para el mundo, para el corazón.