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Signal

Vuelves a mí, con la garganta seca y la voz rota de palabras que no dijiste. Vuelves buscando un estúpido consuelo, una salida como si yo fuese un mapa, una respuesta a todas tus dudas.

No puedo ayudarte, o quizás si. Llegaste a mí hace muchísimos años sin ninguna pretensión, y hoy aquel fondo blanco impoluto te causa terror y bloqueo. ¿Dónde quedaron aquellas madrugadas? ¿Dónde quedaron aquel intenso olor a melancolía que se podía cortar con un cuchillo?

¿Es acaso ahora, que piensas creerte lo que no eres? O mejor dicho, ¿que piensas exigirte muchísimo más de lo que necesitas para poder seguir aquí? Dudo mucho que no tengas nada que decirme después de tanto tiempo, dudo mucho que todo aquello que callaste se haya ido por el retrete de cualquier bar de mierda. Excusa barata.

Será ahora, poeta de manos vacías, que te hayas ordenado junto al redil y aquella historia de que los bares ya no son seguros te haya calado hondo. Tanto que no recuerdes el camino ni la dirección. ¿Es eso posible?

Te vi crecer, en una época oscura, una época en la que no sabías quien eras ni a donde ibas. Eras tú, y ese rincón del bar donde te vi ponerte alas y volar grande por donde quisiste, sin pedir perdón ni permiso, auténtico, tremendo, soberbio. Tu yo más puro.

Te vi caer en la misera más profunda, te vi llorar ante el desconsuelo de cualquier cosa que no te dejó la cicatriz lo suficientemente grande como para no reír luego.

Te vi reír, a carcajadas, a borbotones, como la sangre que sale de la yugular, frenética e imprecisa. Te vi acompañado, pero también te vi solo, y es ahí donde supe disfrutarte, donde supe sacar lo mejor de ti.

Me alegra que hoy regreses aquí, a este antro funesto de botellas de whisky y luces de neón, donde ahora los amigos se han ido y el amor se multiplica por cien. Me alegra que viertas sobre mí nuevamente estas líneas, para que pueda sentir el ahínco de tu corazón con cada golpe de tecla, con cada letra que se incrusta en este caledoscopio blanco, este lienzo convertido en vida, en blog, en bar…

Atentamente, lo que antaño fueron las líneas del kaos, hoy, Memorias de un Bar

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